Marina García, bióloga del departamento de Zoología Marina de la Universidad de Valencia, coordinadora de Iberozoa Málaga.- Los parásitos no tienen buena prensa, nadie desearía tenerlos cerca, parece que solo han venido al mundo a molestar. Pero… ¿cómo os quedaríais si os contara que los investigadores utilizan a los parásitos como detectives privados en la escena de un crimen?¿Qué es un parásito?
Un parásito se caracteriza por ser un organismo que tiene un solo hospedador y raramente implica la muerte de este. Por ejemplo, puede alimentarse solamente u ocupar un espacio del organismo como hábitat.¿Qué tipos de parásitos hay?
Cuando escuchamos la palabra parásito solemos pensar en la tenia solitaria, las garrapatas o las pulgas, pero no solo los mamíferos tenemos parásitos, todos los organismos los tienen, incluídos las tortugas marinas. Encontramos una interacción muy común entre tortugas marinas y epibiontes. La epibiosis es un fenómeno debido a la competencia por el espacio que impulsa a propágulos marinos a colonizar las superficies externas de otros organismos marinos. Así mismo, Balaenophilus es un copépodo (artrópodo) que se ha encontrado en cetáceos, tortugas marinas, manatíes, … y se alimenta de la queratina del caparazón de las tortugas.¿Qué es eso de parásitos detectives?
Esta interacción tiene un elevado valor ecológico ya que en una sola tortuga se puede encontrar una gran diversidad de otros seres vivos debido a su estructura corporal y medio de vida. Debido a ello estos epibiontes pueden tener el papel de marcadores biológicos y ser una herramienta muy útil para investigar la ecología de las tortugas marinas y otros organismos marinos que actúan como hospedadores. Entre todos los aspectos de estudio de los hospedadores que nos pueden proporcionar los epibiontes encontramos la estructura poblacional y social, el origen geográfico y las migraciones que realizan, el estado de salud y enfermedades que pueden tener, además de proporcionar información sobre la contaminación ambiental.
Vamos a poner un ejemplo de una investigación muy reciente que se realizó sobre los epibiontes de la tortuga boba, pero antes hablemos un poco de su biología. Es una tortuga marina muy abundante del mar Mediterráneo que puede llegar a medir 120 cm y pesar 120 kg. Se localiza en mares y océanos cálidos y dependiendo de su ciclo vital es posible encontrarla tanto en mar abierto como en aguas poco profundas como zonas costeras. Los adultos y juveniles se localizan más en la plataforma continental de aguas poco profundas. En el Mediterráneo su principal zona de nidificación es Grecia, aunque también en las playas de Libia, Turquía, Túnez y Siria. Son migratorias y en el Mediterráneo se desplazan por las corrientes marinas al mar de Alborán para alimentarse (Fundación CRAM, 2023).
Estas tortugas marinas explotan diversos hábitats a lo largo de su vida, por lo que están expuestas a una serie de amenazas antropogénicas como la interacción con las pesquerías. Para mitigar este impacto es necesario determinar los patrones de uso del hábitat por las tortugas y gracias al método de usar percebes epibióticos como indicadores biológicos realizado por Ten, S. et al. (2019), se pudo determinar las pautas de uso de hábitat de Caretta caretta en el Mediterráneo occidental.
De un total de 200 tortugas recogidas en el Mediterráneo entre 1990 y 2017 con epibiontes, el 25% fueron capturadas accidentalmente por palangres pelágicos (de aguas profundas oceánicas), el 19% por artes neríticas (en aguas poco profundas cercanas a la costa) y el 56% vararon por causas desconocidas. Se observó que las tortugas de palangres pelágicos estaban dominadas por Lepas hillii (Leach, 1818) y Conchoderma vrigatum (Spengler, 1789), y las tortugas capturadas por pesquerías neríticas tenían a Chelonibia testudinaria (Linnaeus, 1758) como epibionte. Se estudió la edad de los epibiontes y se dedujo que C. virgatum de las tortugas de palangres pelágicos se habían adherido después de que estas murieran mostrando así dónde habían muerto las tortugas, además, estudiando la edad de L. hillii se encontró que las tortugas habían estado en aguas oceánicas pocas semanas antes de la muerte. C. testudinaria se posó sobre tortugas vivas y predijo que estas habían estado en aguas neríticas varios meses antes de su muerte.
En conclusión, la presencia y edad de los epibiontes informaron de dónde habían muerto las tortugas y ayudaron a trazar los movimientos y el tiempo que habían estado en cada hábitat las tortugas (Ten, S., et al. 2019).
A pesar de su impacto sanitario y económico negativo, los parásitos pueden ser muy útiles para averiguar muchos aspectos de la biología del hospedador. Incluir a los epibiontes como fuente complementaria de datos sobre el uso del hábitat y muchos más aspectos biológicos de diferentes especies marinas nos puede ayudar en muchos ámbitos de la conservación del medio marino, como por ejemplo, en cómo frenar la captura accidental por pesca la cual supone una gran amenaza para muchos seres vivos y altera el ecosistema marino.
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